CARTA DEL DIRECTOR: La cultura no se improvisa: reflexiones tras un taller infantil en Hualpén

Carta del Director:

No suelo utilizar este espacio para relatar experiencias personales ni para publicar textos en beneficio propio. Sin embargo, considero necesario hacer una excepción cuando lo que se expone dice relación con una experiencia vivida directamente, que involucra a niños y que evidencia una preocupante falta de organización en una actividad cultural dirigida a la comunidad.

El día de hoy asistí, junto a mi hija, al inicio del “Taller de Pintura” impartido en el Centro Cultural de Hualpén. No se trata de un relato de terceros ni de comentarios posteriores: estuve presente durante toda la actividad y viví directamente lo ocurrido.

Desde un comienzo, el taller evidenció serias falencias. La escasez de materiales básicos, particularmente pinturas, fue evidente y difícil de comprender en una actividad que recién comienza y que contaba con un número definido de inscritos.

A ello se sumó una situación incómoda y reiterada: la persona a cargo del taller señaló en al menos tres oportunidades, frente a niños y apoderados, que la actividad estaba pensada “para no más de seis niños”, pese a que las inscripciones eran para diez. Esta reiteración generó un ambiente poco grato y la sensación de que algunos participantes resultaban un problema más que beneficiarios de una instancia cultural.

Resulta especialmente preocupante que en ningún momento se realizara una presentación inicial. Los niños y niñas no fueron presentados entre ellos, ni siquiera se les preguntó su nombre, lo que evidenció una total ausencia de individualización y de generación de vínculo, aspecto básico en cualquier actividad formativa dirigida a menores.

La dinámica del taller, además, parecía estar orientada exclusivamente a niños y niñas con conocimientos previos en pintura. Sin mediación ni explicación, fueron enviados directamente a trabajar. En el caso de mi hija, quien es principiante, no existió una instancia real de enseñanza; las intervenciones de la monitora se limitaron principalmente a corregir o señalar errores, sin un acompañamiento pedagógico adecuado.

Esta falta de enfoque formativo provocó que varios apoderados terminaran interviniendo directamente en las obras, llegando incluso a pintarlas ellos mismos, ante la dificultad de los niños para desarrollar la actividad sin guía. Esta situación desvirtúa completamente el objetivo del taller y refleja una planificación que no considera la diversidad de niveles de los participantes.

A lo anterior se suma un aspecto no menor: la infraestructura del espacio. Tanto en el techo como en algunas esquinas era notoria la presencia de hongos producto de la humedad, una condición especialmente preocupante tratándose de un lugar destinado a actividades infantiles.

Debido a este conjunto de situaciones, y al impacto negativo que tuvo en la experiencia de los niños, decidimos retirar a nuestra hija del taller. Esta misma decisión fue adoptada por otra apoderada ese mismo día.

Las actividades culturales cumplen un rol fundamental en el desarrollo creativo y social de niños y niñas. Precisamente por ello, requieren planificación, enfoque pedagógico, condiciones adecuadas y un trato respetuoso y empático. Lo ocurrido en este taller está lejos de cumplir con esos estándares.

Esta carta no busca desacreditar a personas en particular, sino visibilizar una experiencia concreta que merece ser revisada y corregida, con el fin de evitar que situaciones similares vuelvan a repetirse en espacios que debieran ser formativos, seguros y acogedores para la infancia.


— El Director

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